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La Culpabilidad de sentirnos Infelices

Llevo unos días en los que, inevitablemente, me siento sola, desesperada, mala madre, mala persona, mala en todo y buena en nada. A veces las facturas que más nos cuestan son las que nos emitimos nosotros mismos, con la pesada cruz de la responsabilidad a cuestas, las preocupaciones, el poco “tiempo” que nos dedicamos a nosotros mismos, y un sinfín de “problemas” que parecen surgir de la nada y del todo.

¡Me cuesta tanto aceptar los tiempos que se tornan difíciles!. En un libro que he estado leyendo últimamente, a ratos desesperados entre sueño y desgana, me asombró descubrir una gran verdad entre sus líneas: El único problema que hay en tu vida, es pensar que tienes un problema. El autor nos invita a aceptar las situaciones como son, sin etiquetar de bueno o malo lo que nos ocurre, sino contemplando nuestra vida como una sucesión de experiencias que nos ayudan a crecer y aprender.

Hada, Risueña y Duendecillo llevan una semana con fiebre, mocos y tos, un catarro que los ha llevado a una alta demanda que me ha colapsado. Su papá está en casa desde que nacieron, no se ha separado de ellos más que en cortas y contadas ocasiones, al igual que yo, pero donde se ponga en sus bocas a modo de llanto, de llorera, de atención desesperada un ¡Mamá!, que se quite un Papá, Papá, Papá, Papá…Con esto quiero decir que todas sus demandas y peticiones van dirigidas hacia mi persona, desde por la mañana hasta por la noche, y generalmente, imagino que por la inseguridad que les acarrea sentirse acatarrados junto con lo caldeado del ambiente, de malos modos, a gritos, todos a la vez.

A esto se suma cierta tirantez que ha surgido como pareja entre Mi Hombre y yo, a modo de guerra, cometiendo el grave error de volcar nuestra “mierda” e ira en el otro, sin compasión. Los humos por aquí no están muy zen últimamente. Me siento al borde de un precipicio.

Educar en casa, siempre lo digo, no es nada fácil. Supone establecer unas normas que el niño, dependiendo y según qué casos, va a aceptar o no, supone que tu hijo comprenda que aunque estés cerca suya, tú tienes que hacer otras cosas, a parte de estar 100% con ellos. En nuestro caso particular, las edades de nuestros hijos son además especialmente delicadas. Duendecillo ya quiere gatear e ir consiguiendo autonomía en sus movimientos, no se conforma con el reducido espacio de un parque y los brazos empiezan a cansarle, prácticamente es su padre quien está paseándolo todo el día, porque su peso hace mella en mi espalda. Lo estamos soltando para que comience a coger soltura y así, que pueda caminar cuando esté preparado, que creo que va a ser extremadamente pronto porque tiene muchísima fuerza y quiere estar mucho tiempo de pie. Soltarlo significa tener que estar a su lado sí o sí, sin libertad de movimiento ni de mínima distracción, porque Hada y Risueña están al pie del cañón con su hermano pequeño, al que aman, adoran y muerden si es necesario.

Por otro lado, Hada y Risueña, como es normal a tempranas edades, necesitan motivación constante y se cansan rápidamente de cualquier actividad. Quieren empaparse de experiencias y estar pendientes de una sola cosa por treinta minutos seguidos es una tarea ardua.

Además se enfadan y se dan leña si tienen que dársela, por cualquier juguete u objeto. Quieren exactamente la misma cosa (que tiene la otra) y exactamente del mismo color, en el mismo sitio y a la misma hora.

Todo esto, sumado al trabajo que tenemos que realizar cada día con respecto a Cazatest: Preparar pedidos, contratar envíos, enviar la paquetería, etcétera, hace que me sienta desbordada y buena para nada, porque estoy en todos sitios y no estoy en ninguno.

¿Cuándo escribo para mamaventura?- Entre cigarros “a escondidas” en la soledad hueca de un baño – Sí, fumo, pero en casa no se fuma porque evidentemente no exponemos a nuestros hijos al humo tóxico del tabaco. ¿Quiero dejarlo? – Sí, pero cierta y tristemente enlazo mis diez minutillos de “paz” y “soledad” a ese cigarro desesperado.

Y aquí estoy, expresando lo que mi alma rota siente, porque siento que la desorganización ha tocado fondo. Quiero hacer eternos los días en los que todo va bien, la casa está limpia, mis hijos juegan y aprenden sin discusiones, esos días en los que me siento realizada y me siento buena madre, buena persona, buena gente…días en los que mi pelo no esté enredado y en los que mis pelos negros no abriguen mis piernas, días sin gritos y sin llantos…y no me refiero a días sin mis hijos, sino a días en los que, todos juntos, en unidad como familia, nos sentimos armonizados y felices en el calor de nuestro hogar.

Luego de estar días en desarmonía total, llega la culpa, esa culpa que te persigue y te recuerda lo mal que lo estás haciendo y esa culpa que te hace sentir mal por no ser feliz. Pienso que tengo prácticamente todo lo que quiero y siempre he querido, pero no me siento feliz, y me siento culpable por ello.

Buscar la felicidad en un momento que no sea el presente no me ayuda, quiero sentirme feliz ahora, hoy. Creo que la felicidad está estrechamente vinculada a la aceptación, y quizá el quid de la cuestión es que debo aceptar esta racha, siendo plenamente consciente y sin perder el norte, afrontando lo que es y abrazándolo, quizá así y solo así la situación cambie, o mejor dicho, cambie mi percepción hacia la situación, consiguiendo sentirme feliz y agradecida a la vida por darme tanto.

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La Competitividad como forma de Educar ¿Es Sana?

Me parece mentira que a día de hoy, entre tanta pantomima social, se siga educando a nuestros pequeños en la competencia.

Sutil o descaradamente, según el caso, encontramos a esta gran enemiga en colegios, universidades, centros de trabajo y grupos de cualquier índole. Nada parece salvarse de ella.

El ser humano parece conformarse, y nuestros hijos, se educan cada día para la competencia en centros de enseñanza obligatoria, donde convertirse en un número, en una nota, en un título… es precisamente eso, obligatorio.

La competencia entre iguales, es totalmente contraria a la colaboración y apoyo mutuo. Ésta, en un mundo que nos pide a gritos compasión y comunidad, no tiene cabida alguna. ¿Por qué entonces se sigue educando en ella y para ella?

Encontramos multitud de expertos que aseguran que la competencia es positiva para el desarrollo de nuestros pequeños, pero me permito estar totalmente en contra de dicha corriente. La gran mayoría de sus defensores, explican que una competencia sana o con uno mismo aporta a los niños herramientas tales como la complicidad y la empatía, pero precisamente éstas, junto con otras herramientas valiosas en el desarrollo emocional y social de nuestros pequeños, se adquieren con la cooperación y no con la competencia. ¿A qué llaman competencia sana? La “competencia sana” es una mentira, no existe la competencia sana como tal; esto me recuerda al término “envidia sana”, la envidia, no puede ser sana, puedes sentir admiración por alguien, pero no “envidia sana”, por mucho que nos empeñemos en usar dicha expresión.

Con respecto a “competir con uno mismo” sucede la misma cosa, uno no compite consigo mismo, uno puede ejercer la superación personal, puede ser consciente de sus limitaciones y proponerse superarlas, puede querer mejorar algún aspecto de sí mismo, pero no compite consigo mismo.

Hay multitud de juegos en los que parece inevitable la competencia, es decir se precisa un ganador para dar por finalizada la partida, y los jugadores deben “competir” entre ellos para alcanzar el podium, para ganar. En estos casos es de vital importancia mostrar al niño que en un juego, todos ganan, ya que la única finalidad del mismo, más allá de ganar según las reglas establecidas, debe ser divertirse, disfrutar del momento y del juego en sí mismo.

Debemos saber y conocer que existen juegos sin competencia, juegos para niños donde ganar no es la finalidad, donde se juega con los otros, no contra los otros y donde la cooperación y comunicación sea la herramienta necesaria para llegar a un fin colectivo, no individual. Estos juegos, mayoritariamente olvidados, son de vital importancia para una humanidad libre, empática y cooperativa.

Tenemos la mala costumbre de tachar de ganadores y perdedores innecesariamente, por ejemplo, podemos jugar a pasar una pelota y podemos optar a la superación personal de que la pelota no caiga al suelo, podemos querer mejorar nuestras habilidades y nuestros movimientos, nuestro equilibrio…pero de pronto nos surge la idea de una tabla donde anotar una puntuación a los jugadores o se nos ocurre que al que se le caiga la pelota pierde. ¡Y San Se Acabó!. Finalmente puede que queramos superarnos a nosotros mismos sí, pero por ganar puntos, por no perder, por competitividad; cuando de otra forma, si no hubiese ganadores y perdedores, el sentimiento de superación no iría ligado a la competitividad.

En un mundo donde nos “educan” en la competencia, existe cierta predisposición a la confrontación entre semejantes, a querer ser “mejores que”, a ejercer determinadas acciones con el único fin de ser el primero, restando importancia al proceso en sí mismo. En mi etapa de estudiante, recuerdo cómo me sentí en varias ocasiones traicionada por personas a las que tenía verdadero aprecio, porque en un momento dado se enfrentaron a mí por competitividad, por mostrar su supuesta valía y superioridad ante maestros y profesores. Ahora entiendo que simplemente somos víctimas del mundo en el que somos educados.

Esa competencia que tachan de inocente y sana, hace que el ser humano se distancie de sus semejantes por ser el primero, por ser el mejor o por obtener reconocimiento. Desde aquí animo a todos a que hagamos hincapié en la importancia de la colaboración y de alcanzar fines colectivos, en equipo, en cooperación con los demás.

Quizá así, algún día nos sorprendamos del enorme potencial que tienen los niños y que tenemos los adultos para sostenernos y apoyarnos mutuamente, porque somos manada y porque juntos, dejando a un lado la competitividad, podemos conseguir cosas verdaderamente bellas por, y para el mundo que nos abraza.

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Miedo a la muerte de los hijos ¿Os pasa?

He tenido que dar un gran paso para crear esta entrada. En ella, intentaré reflejar uno de mis grandes miedos, el que más me pesa, el que más daño me hace, el que más pequeña me hace sentir. Os hablo del miedo a la muerte de los hijos.

Ser madre o padre es una experiencia maravillosa, de eso no cabe duda, pero también es, en la mayoría de los casos, un huracán que trae consigo “cositas” que no nos gustan nada, aspectos que no sabíamos que iban a llegar, porque además, nadie los ha invitado a nuestra casa.

En mi caso, tras dar a luz a Hada, mi primera hija, empecé a sentir muchos miedos, algunos de ellos verdaderamente absurdos si los contemplas desde fuera, pero ahí estaban, querían algo de mí y venían para quedarse.

Desde miedo al atragantamiento, hasta miedo a muerte repentina o enfermedad, pasando por todos los matices de sufrimiento posibles, una situación que me hacía sufrir a cada instante, todos los días sin distinción. Entre tanto, y cómo no, apareció la culpa, esa culpabilidad por pensar aquellas atrocidades, esa culpa por no vivir el momento presente, no estar plenamente feliz disfrutando del momento, disfrutando de que estaban bien, de que como madre, no podía pedir más. Sentía miedo, mucho miedo, y culpa, mucha culpa.

Me atrevo a contaros esto porque por mucho tiempo he pensado, y en cierto modo sigo sin saber, si esto sucede o no a otras madres y padres con vidas normalmente “comunes”. Digo comunes en cuanto a que tengo la dicha de no haber pasado, al menos que yo recuerde, ningún momento traumático en mi infancia, algo que de algún modo pudiera “justificar” unos pensamientos tan tremendamente destructivos. Tal y como le comentaba hace unos días a Lorena, de Terapia en Red, para un Post que va a hacer para Mamaventura, me recuerdo siempre como una persona feliz, con mis altos y mis bajos, pero feliz. ¿Qué ocurre entonces cuando una madre o un padre se ve desbordado y acorralado por su propia mente?

Creo que el propio desconocimiento hacia la muerte en sí misma hace mucho daño, el desconcierto y la desinformación entorno a ella, hace que temamos que algo a lo que amamos tanto pueda morir y desaparezca para siempre. Por otro lado, también creo que hacen mella la multitud de malas noticias a las que estamos expuestos desde pequeños, desde el telediario hasta el murmullo noticiero que te cuenta tu vecina, por eso, entre otros motivos, dejamos de consumir televisión hace años, porque cala hondo al subsconsciente, y porque somos frágiles ante tanto mal, tanta negatividad.

No he salido de esta, aunque he tocado fondo, y eso mismo, ha hecho que comience a instruirme, a informarme, a leer y a despertar de esta pesadilla para traspasar el velo de la mente, para entender que mis miedos no soy yo.

Victor Brossah, en un reciente email me aconsejó lo siguiente:

Jessica, todo el mundo es causa de su vida. Tus hijos también. Nada de lo que hagas variará lo que ellos eligen vivir. Otra cosa es que te sientas culpable. Cada vez que pienses algo que no te agrada sopla y di: esta no soy yo, es mi miedo. Gracias miedo por ayudarme a crecer poniéndote entre mi corazón y mi vida. Te devuelvo al universo. No le des importancia y no la tendrá. Un abrazo de corazón y un beso muy grande…

 

Espero pronto poder vivir feliz siempre, poder disfrutar y aceptar lo que es, y lo que no es, que no sea tampoco en mi mente, espero poder darle espacio a mi esencia, romper los barrotes de mi alma encarcelada, mi alma…encarcelada por mi propia mente.

Y a vosotr@s, ¿Os pasa algo parecido? ¿Me contáis vuestras experiencias?

Un fuerte abrazo.

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Colecho, Dulce Colecho…¿Por qué te quiero tanto?.

No sé muy bien de dónde viene la palabra Colecho, la verdad es que no he buscado información con respecto a su origen, mi hombre dice que significa “cerca de la leche” co-lecho, la verdad es que tiene sentido. Hoy quiero hablaros de él, porque en casa desde que en 2015 nació nuestra primera hija “Hada”, no hemos dejado de amarlo.

El lugar donde los padres deciden habilitar el “espacio de sueños” de sus hijos es algo muy personal, no pretendo juzgar lo que cada familia decida y haga, pero creo que se nos ha olvidado nuestra procedencia, nuestras necesidades salvajes y lo que verdaderamente es importante para nuestros hijos.

El juicio, el miedo y las opiniones, entre otros factores, llevan a muchos padres a un suplicio en cuanto al lugar donde duermen sus hijos se refiere. Si nos paramos a sentir, con el corazón en la mano, creo que nadie puede negar que nuestros hijos necesitan a sus padres cerca siempre, y la hora del sueño no va a ser menos, de hecho, quizá sea uno de los momentos en que más cerca nos necesitan.

Eso es lo natural, lo salvajemente y humanamente natural. Nuestros hijos necesitan dormir con sus padres, bien cerquita, donde tengan acceso inmediato a la fuente de amor y calor de sus protectores, especialmente, en edades tempranas.

Los juicios y prejuicios, la programación social y el miedo nos dicen “otra cosa”: El Colecho malcría, hace que nunca quieran dormir solos, la intimidad de los padres se pierde y mil y una mentiras más.

El Colecho para mi es una muestra inmensa de Amor, ternura, protección y cariño, no veo lugar alguno donde quepa aquí el concepto de malcriar.

Por otro lado, como suelen decir Carlos González y Rosa Jové, los padres que intenten dormir con los hijos hasta que éstos cumplan los 18 años están condenados al fracaso. Los hijos, cuando cumplen cierta edad, o mejor dicho, cierta madurez emocional, necesitan y buscan el desapego hacia sus padres, que quieran dormir solos es algo que sucederá algún día. Disfrutemos del regalo tan bello que nos brinda el Colecho cuando nuestros hijos no están preparados para “otra cosa”.

En cuanto a la intimidad de los padres…simplemente no cuela, ésta se busca y se encuentra en otros lugares de la casa, o se aprenden métodos totalmente compatibles con el Colecho. Después de tener 3 hijos en tan solo 3 años, solo puedo deciros, que al menos en mi caso, el Colecho nunca ha sido un problema en cuanto a la intimidad de pareja se refiere, el agotamiento y cansancio en cambio, hace mucho daño en este sentido 🙂

Para practicar Colecho solo hace falta querer hacerlo y tener en cuenta determinados aspectos de seguridad si colechamos con un recién nacido, como los tenemos igualmente en cuenta al acostarlo en una cuna. Si no queremos acostar a un bebé directamente en nuestra cama, hay cunas colecho que no tienen barrera de separación entre la cuna y la cama, los bebés están muy cerquita de sus papás y quizá los padres se encuentren más cómodos y seguros.

En cuanto a la edad de los hijos para practicar Colecho creo que simplemente no importa, de verdad llega un día en que querrán dormir solos, algunos lo demandarán a los 5 años, otros a los 8, otros a los 3… depende de cada niño y sus propios ritmos y necesidades. En nuestro caso, Hada tiene 3 años, Risueña 2 y Duendecillo 7 meses. Ya todos no cabemos en la misma cama así que tenemos dos camas de matrimonio juntas, Hada y Risuela duermen en una de ellas, y papá, Duendecillo y yo en otra. Para las tomas nocturnas, por ejemplo, tener al bebé tan cerca es algo maravilloso, prácticamente no llego a despertarme, el bebé busca y trepa hasta su fuente de alimento y mama mientras duerme hasta que suelta la teta y sigue dormido, ¿Se puede pedir más?

En definitiva, si no practicáis el Colecho por decisión propia, será respetable siempre, que no os quepa duda de que lo que decidáis desde vuestro compromiso y Amor estará bien, pero si no colecháis por los huéspedes de la opinión, el juicio y el miedo, invitadlos a todos a salir de vuestras mentes y abridle la puerta al emocionante y majestuoso deleite que ofrece el Colecho, uno de los regalos más grandes y hermosos que brinda la vida a padres e hijos, y disfrutad de él, disfrutad de él todas y cada una de las noches venideras.

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Control Parental en la Industria Musical

El tema del que hoy quiero hablaros es carne de cañón en los tiempos que corren. De nuevo, el ser humano parece no ponerse de acuerdo y lo que nos queda es nuestra opinión personal, así que hoy muestro la mía, mi opinión sobre el control parental en adolescentes, y en esta entrada, concretamente respecto a la Industria musical.

El la última década el control parental hacia nuestros hijos ha salido a la palestra, multitud de defensores y detractores han visto la luz y fundamentalmente encontramos dos posturas al respecto:

  1. Nuestros hijos no deben estar expuestos a ningún tipo de control parental ya que ello conlleva generarle más interés por aquello que le limitamos o “prohibimos”.
  2. Nuestros hijos deben estar expuestos a control parental hasta que sean personas maduras y responsables para consigo mismas y el prójimo.

Desde ya adelanto que me considero partidaria del “segundo grupo” y os cuento en esta entrada el por qué.

Sinceramente no creo que el hecho de limitar o prohibir algo, incite a ello de forma generalizada, por ejemplo, no solemos dejar comer mierda a nuestros hijos, no solemos dejarle que jueguen con cuchillos cortantes y no por ello sentenciamos a nuestros hijos a que se conviertan en coprófagos o en carniceros. No nos dejemos engañar. Tal y como está hoy en día el “mundo de redes” y la tecnología multimedia, considero, no sólo necesario el control parental, sino primordial para un desarrollo óptimo y pleno en las capacidades de nuestros hijos, y como suelo decir, de adultos que hagan lo que les dé la gana.

Los adolescentes arrastran una infancia de contenidos “corruptos”. Los contenidos a los que están expuestos los condicionan constantemente, la era de las aplicaciones móviles para niños y los dibujitos violentos y acelerados, con contenidos realmente sospechosos van creando conductas y patrones de comportamientos no deseados. El paso a la adolescencia conlleva cambios importantes en el desarrollo del ser humano, por ello, considero el control parental como algo indispenable.

Control Parental en Contenidos Musicales

No es casualidad que la pequeña Hannah Montana (Disney Channel) se haya convertido en una descarada Miley Cyrus, con canciones cuyas letras hacen que nuestros adolescentes confundan el valor del amor, de ellos mismos y de la vida en sí misma. Hé aquí un ejemplo:

Las 7 cosas que odio sobre ti
las 7 cosas que odio sobre ti
eres en vano tus juegos, eres inseguro
me amas, te gusta ella
me haces reir, me haces llorar, no sé que lado comprar
tus amigos son idiotas y cuando actúas como ellos sólo sé que duele
quiero estar con el chico que conozco
y la séptima cosa que odio más de ti
me hiciste amarte

Yo no sé ustedes, pero yo escucho a mi hija cantando esta canción y me da algo. No voy a entrar a analizar letras de Reggaeton, de Skakira, Lady Gaga, etcétera, eso lo dejo quizá para otro post. Nuestros hijos, aún no se han forjado completamente en la etapa adolescente.

Con respecto a los videoclips, más de lo mismo. Nos venden al ser humano y más concretamente a las mujeres como un producto meramente sexual, un mercado de sexo y drogas idolatrado. De verdad, o nos damos cuenta de esto o el mundo se va a la mierda. Qué hijos de puta son.

Con esto no digo que nuestros adolescentes tengan que estar en continua prohibición, pero tenemos que trabajar dos aspectos importantes:

  1. Facilitarles herramientas que acerquen a nuestros hijos a la seguridad de sí mismos, al respeto de su cuerpo y sus principios. Enseñarles a que sean críticos y a amarse a sí mismos por encima de lo que impongan las modas y la sociedad.
  2. Mostrales lo que pensamos abiertamente, algún día se toparán con este tipo de contenidos, y es de vital importancia que sepan reconocer el trasfondo. Literalmente quieren destruir al ser humano.

Veo MK Ultra por cada rincón musical dirigido a nuestros jóvenes, no puede ser casualidad padres y madres. Puesto que el control parental abarca muchísimos aspectos, dedicaré cada tema específico en un post diferenciado.

Evitemos el consumo de la industria comercial musical a nuestros hijos y ayudémosles a forjar un espíritu fuerte, la música es uno de los mayores regalos que tenemos, pero nos quieren vender otra “cosa”, no caigamos en la trampa.

Para terminar comparto este vídeo del simpático Aldo Narejos que alude al tema con ironía y sentido del humor. Os invito a que lo veáis, os echaréis unas risas.

 

 

 

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“Instrucciones a mis Hijos” Magdalena Sánchez Blesa

Por si queda alguien sobre la faz de La Tierra que no haya escuchado el poema “Instrucciones a mis hijos” en la voz de su autora, Magdalena Sánchez Blesa, os comparto el vídeo y el poema escrito, para que os dejéis deleitar por su verdadera y majestuosa obra de arte.

Instrucciones a mis hijos (Magdalena Sánchez Blesa)

Jamás un conato de daros la vuelta

Jamás una huida, por muchos que sean

Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,

Jamás os lo noten, que no se den cuenta

Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas

Aunque fuese a gatas, llegad a la meta

Que nadie os acuse… ¡miradme a la cara!

Que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible…

(Si es que los hubiera)

Yo no los conozco,

Y mira que llevo yo sueños a cuestas

Jamás, y os lo digo como una sentencia, ¡miradme a la cara!

Jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa

No hay nadie en el mundo que no la merezca

Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!

A cada ser vivo que habite la tierra

Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra

Por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre

Y no preguntarnos qué sueño le inquieta

Qué historia le empuja,

Qué pena lo envuelve,

Qué miedo le para,

Qué madre lo tuvo,

Qué abrazo le falta,

Qué rabia le ronda,

Qué envidia lo apresa…

Jamás, y los digo faltándome fuerzas,

Si el mundo se para,

Os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje

Remangaos el alma,

Sed palanca y rueda,

Tirad de la vida vuestra y de quien sea,

Que os falte camino,

Perded la pelea contra los enanos

No sed los primeros,

Que os ganen los hombres que no tienen piernas

No sabedlo todo,

Dejad que contesten los que menos sepan

Las manos bien grandes,

Las puertas abiertas,

Anchos los abrazos, fuera las fronteras

Hablad un idioma claro, que se entienda

Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza

Mirando a los ojos,

Dejando una huella

Prestad vuestra vida,

Regaladla entera

Que a nadie le falte ni una gota de ella

¡Cantad!

Que cantando la vida es más bella

Y jamás, os hablo desde donde nazca

El último soplo de vida que tenga,

Jamás una huida,

Por muchos que sean…

 

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El Peligro de los Cuentos y Películas infantiles

Menudo tema, cuando hablo del peligro de los cuentos y películas infantiles para niños, me refiero a la mayoría de los cuentos y películas, contemplando la posibilidad de que haya algún cuento o alguna película que se libre de mis críticas, pero si nos parásemos a analizar su contenido en profundidad, muy pocos cuentos y muy pocas películas se salvarían.

Desde ya adelanto, que no me sirven excusas como:

  1. Los niños tienen que saber qué hay en el mundo para poder enfrentar situaciones difíciles.
  2. Los malos forman parte de la vida y los niños tienen que saber que existen.
  3. Pese a multitud de situaciones basadas en el miedo y la tragedia, la mayoría de cuentos y películas infantiles tienen un final feliz.

Una vez más, nuestros niños son víctima de una evidente conspiración cuya principal pretensión es programar en sus mentes peligrosos arquetipos como el miedo, la sumisión y la tergiversación del amor, entre otros.

Pareciera mentira que la mayoría de los cuentos y películas para niños estén hechas realmente “para niños”, sin ningún filtro, y digo, sin ninguno. Todavía hay personas, expertas, tituladas, con un currículo espectacular, que son entrevistadas y afirman que estas historias dramáticas y terroríficas le hacen algún bien a nuestros hijos; y claro, nosotros, acostumbrados a no pensar por nosotros mismos desde pequeños, con la gran ayuda de la escuela, creemos esas palabras, que proceden nada más y nada menos que de un experto en la materia, y lo que diga un experto, va a misa. Ejemplo de ello son las numerosas afirmaciones y estudios que podemos encontrar por internet que aconsejan “Buscando a Nemo” y “Bambi”, entre otras. De verdad parece mentira, al menos a mí me lo parece. Si buscáramos un listado de películas y cuentos infantiles recomendadas por cualquier periódico o fuente convencional y nos sentáramos los adultos a verlas con lápiz y papel en mano, nos daríamos cuenta de que quieren destrozar “algo” en el espíritu de nuestros hijos. Pero claro, a menudo nos dejamos engañar y dejamos que la responsabilidad sobre qué ven y escuchan nuestros hijos recaiga sobre otros, expertos y conocedores de la materia, que si así lo recomiendan, debe ser algo bueno para los niños, pensar de otra manera es conspiranoico y descabellado.

En algo que coinciden la mayoría de cuentos y películas “infantiles” es en presentar la muerte en el escenario.¡Cuidado!. La muerte forma parte de la vida y no hay que proteger a los niños de ese concepto, dirán muchos. Pero, ¿Acaso la muerte es lo que nos cuentan y nos han contado? ¿Acaso los adultos mismos tenemos claro qué es la muerte? ¿Por qué nos han programado para temerle a la muerte? ¿Acaso hay posibilidad de vida sin que la muerte exista? Entonces, ¿Por qué nos enseñan a celebrar el nacimiento y a temerle a la muerte?.

Entender la muerte en todo su esplendor requiere de muchísimos engranajes que un niño aún no posee, y que presenten la muerte como un concepto trágico en historias para niños, traumatiza al niño y programa en él un concepto de muerte, que no es el que debiéramos tener como seres espirituales que somos.

niño-tvEn un niño, el apego y la unión sentimental y espiritual hacia sus padres lo es todo en sus primeros años de vida, tener que afrontar una situación expuesta en un libro o una película de un personaje que pierde esa figura paterna o materna a través de algo llamado muerte, es algo que le genera desprotección y miedo. No hay en ello absolutamente nada positivo para un niño, de hecho sucede todo lo contrario, y está hecho a propósito.

Cuidado con Disney, si hay algo en el mundo que nos lo intentan meter hasta en la sopa, ya es motivo suficiente para desconfiar. Frases como: “Te odio papá”, “no quiero volver a verte papá” y joyas del estilo son muy comunes en estas producciones como por ejemplo El viaje de Arlo o Ice Age La Era de Hielo. Lo que a oídos de un adulto no representa importancia o incluso pasa desapercibido, a oídos de un niño que está en pleno desarrollo psíquico y emocional suceden mecanismos muy complejos que son clave para su aprendizaje. Detrás del guión de cualquier película hay personas de carne y hueso, guionistas especializados, que estudian minuciosamente cada detalle y cada palabra que aparece en la producción. Estos, a su vez, son supervisados en un proceso en cadena hasta que se obtiene el trabajo final. De verdad, ¿Es el mejor mensaje que pueden darle a un niño?, ¿Acaso un experto no puede hacer nada mejor?, ¿No deberían tener en cuenta los guionistas de películas infantiles que el público al que van dirigidas sus producciones es altamente sensible a palabras y estímulos?.

No es producto de ningún acto de buena fe hacia nuestros pequeños, tampoco es un despiste ni es algo que deba pasarse por alto. Este tipo de contenido está hecho a propósito y aunque cueste creerlo, hay un gran interés en mellar la fortaleza y pureza que nos es brindada al nacer. ¿A quién y por qué le interesaría a alguien hacer con los niños algo así?, esto, es un tema del que hablaré en otro post, ya que, es algo que me gustaría explicar con detenimiento.

Centrándome ahora en los cuentos infantiles, decir que debemos preocuparnos muy mucho de su contenido. Generalmente pensamos en los libros como una herramienta valiosa para nuestros hijos, algo que les abrirá puertas muy importantes en su propio aprendizaje. Los libros son una herramienta valiosa y positiva únicamente si su contenido también lo es. Por el contrario, y como sucede con la mayoría de cuentos infantiles, si su contenido es desgarrador y cruel, la herramienta se vuelve en contra de nuestros hijos pudiendo causar en ellos traumas y miedos difíciles de resolver en la mente de un niño.

Que los cuentos sean popularmente leídos antes de ir a la cama no es casualidad. Se cree que ello relaja a los niños y los introduce en el “ritual” del sueño pero yo difiero mucho en esto. Hay que tener en cuenta el poderoso potencial de nuestro, desconocido para la mayoría, subconsciente. Al dormir, nuestra mente subconsciente entra en acción, por ello, es de suma importancia que prestemos atención a nuestros últimos pensamientos del día, intentando dirigirlos y controlarlos hacia nuestro beneficio y bienestar hasta que seamos capaces de adquirir esa “costumbre sana” de pensar en positivo justo antes de irnos a la cama. Generalmente, estamos contaminados de pensamientos, creencias y preocupaciones que nos impiden dicha tarea, pensando justamente en nuestros problemas antes de dormir, generando con ello una programación en nuestro subconsciente que posteriormente nos pasará factura.

depositphotos_60689035-stock-photo-scared-boyEs por ello, que debemos conducir al niño para que justo antes de dormir piense en cosas que le hagan sentir bien y lo mantengan en un estado de equilibrio y bienestar mental y emocional. Los cuentos infantiles que presentan la muerte, la separación familiar e incluso el asesinato como hechos en una historia, generan en el niño un impacto sin precedentes, que no solo le causan graves miedos e inseguridades, sino que contados justo antes de dormir, se convierten en un arma de destrucción letal para la mente subconsciente del pequeño.

No debemos olvidar que un niño no está preparado para entender la vida en todo su esplendor, no debemos caer en la trampa de creer que un cuento con monstruos, malos y situaciones que dan miedo hasta a un adulto puede hacerle algún bien a nuestros hijos. Jamás. Un niño, además, no sabe diferenciar la realidad de la ficción, y esto, es algo que saben o deberían saber los que escriben cuentos para niños, qué menos.

Mi marido y yo nos hemos escandalizado al leer muchos de los cuentos que cayeron en manos de nuestras hijas. Al menos, hemos tenido la suerte de que nuestras pequeñas aún no sabían leer. Desde Hänsel y Gretel hasta Blancanieves, pasando por Caperucita Roja, cuentos que jamás deberían ser leídos a un niño. Por otro lado, encontramos cuentos que, sin ser una amenaza para la mente y el espíritu de nuestros hijos, son banales y vacíos en valores o contenidos. Cuentan pequeñas historias que los entretienen pero no van más allá. ¡Señores! Un niño tiene capacidades imaginativas y poderes mágicos maravillosos, hagamos hincapié en ello. Leamos a nuestros pequeños historias sobre la naturaleza, espiritualidad, el yoga, el reiki, la fortaleza, la empatía, la magia…

Mi mejor recomendación es que sean los propios padres o cuidadores los que inventen un cuento para sus hijos, inventen una historia sin maldad, sin violencia, sin muerte, sin torturas y sin miedos. Inventen algo que ellos merezcan, inventen una historia que les haga sonreír siempre, que los deje entusiasmados con la vida, que les haga sentirse dueños de su propio ser, que les haga sentirse bellos en su cuerpo y espíritu…una historia, que les brinde seguridad, la seguridad de que son Dioses y Diosas con un poder sobre sí mismos que no tiene límites, una historia, que más que un cuento, sea la verdad más hermosa que jamás alguien pueda contarles.

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La Decisión de tener otro hijo más ¿Son muchos?

Me hace mucha ilusión crear este post solicitado por una “mamá de 4”, desde la sección “Solicítame un Post“, que duda entre lanzarse o no a por el quinto hijo. ¿Muchos hijos sí? ¿Muchos hijos no?

Para mí, muchos hijos siempre han sido más de dos, ya que con dos el reparto suele ser equitativo en momentos familiares cotidianos como: salir de paseo, ir a la playa, subir o bajar del coche…, con esto me refiero a que el padre “vigila” a uno, y la madre a otro, es soportable. Pero más de dos, ya es otro cantar. Los padres tienen que hacer uso de sus super poderes, tienen que dividirse y multiplicarse al mismo tiempo, pero esto es algo que no debe de asustarnos, se aprende sin más.

Soy mamá de tres pequeños, Hada tiene tres años, Risueña dos y Duendecillo tan solo 7 meses.

Lanzarse a por un hijo más no deja de ser algo súmamente personal, ya que hay que tener en cuenta factores como edad de los hermanos, estado emocional de los padres, tiempo que poseemos para dedicarles, etcétera. No nombro los “TIPS ORO” en cuanto a la edad materna y lo económico, porque de verdad considero que esto no es importante. Me explico.

Creo en el dinero como un medio abundante en el mundo, nos han hecho creer que esto no es así, pero la verdad es que todo en esta vida es abundante, y el dinero también. Si conseguimos ver más allá de lo que nos han enseñado, más allá del esfuerzo que han relacionado con la consecución del dinero, nos daremos cuenta que el dinero es un medio mágicamente abundante. Por otro lado, las supuestas necesidades de un niño a veces tergiversan la realidad, de verdad, un hijo no necesita un gran gasto económico.

En relación con la edad materna, siempre que la naturaleza lo permita, nunca es tarde para volver a ser mamá si así se desea. No se es vieja para ser madre, de hecho la madurez personal con la que una mujer de 40 o 50 años puede enfrentar la maternidad, en nada puede parecerse a la de una madre de 25. ¿Que se tiene más energía de joven? No tiene por qué, de nuevo asoma un arquetipo social a esta afirmación. Conozco madres de 50 años con una vitalidad sin precedentes, y yo misma, con 30 años, a veces me siento agotada y sin fuerzas para lidiar en algunos de mis “día a día”.

Ventajas de tener muchos hijos

Comparto algunas de las ventajas de tener muchos hijos, las desventajas suelen ser muy personales, y no me gustan, porque si queremos tener muchos hijos hay que saber ver lo bueno que ello conlleva y vencer lo que podemos encontrar como aspectos “negativos”.

  • Los hijos se desarrollan con mayor plenitud y felicidad, y desarrollan mayor gusto por la vida.
  • Los hijos aprenden a resolver conflictos y a ser asertivos y empáticos con mayor facilidad cuanto mayor sea su unidad familiar.
  • Crecer en una familia de muchos miembros hace que los hijos desarrollen un gran potencial para las relaciones sociales.
  • Los padres con muchos hijos tendrán mayor apoyo y seguridad en la vejez. Algo bello y necesario.
  • Los momentos divertidos están asegurados.

Una madre que duda ante si tener o no más hijos, es para mí una madre que quiere tener más hijos. Una mujer que no desea más hijos no duda, es decir, no se lo plantea si quiera. Si has llegado al punto de la duda, al momento en que quieres tener otro hijo más “peeeeero”, mi consejo es que escuches tus “peros”, tus miedos. Escucha qué es lo que te impide lanzarte a aquello que deseas, y una vez identifiques tus miedos, acéptalos, perdónalos y observa tu sentimiento sincero hacia la decisión de tener o no un nuevo hijo.

Estoy segura de que si descubres y dejas visibles tus miedos, puedes decidir con mayor claridad tener un nuevo hijo, desde tu ilusión, tu alegría, y tu amor infinito de madre.

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Aprender a no gritar a los hijos | ¿Cómo?

Desde mamaventura quiero mostrarte varias formas que te servirán para aprender a no gritar a los hijos. Debes entender que gritar a los hijos no es algo por lo que debas sentir culpa, el hecho de que hayas llegado hasta aquí muestra tu interés por crecer emocionalmente y eso es algo muy positivo.

Los 10 Mandamientos de aquellos que quieren aprender a no gritar a los hijos

  1. Quiero aprender a no gritar a mis hijos.
  2. Si durante mi proceso de aprendizaje, alguna vez grito a mis hijos, sabré perdonarme.
  3. Mis hijos no merecen que les grite.
  4. Yo, no merezco convertirme en una persona que busca soluciones gritando.
  5. Después de gritar a mis hijos me siento mal.
  6. Cuando no grito a mis hijos, me siento muy bien.
  7. Querer aprender a no gritar a los hijos es algo que convierte a la persona en un Ser más consciente y justo.
  8. Voy a aprender a no gritar a mis hijos y estaré orgullos@ cuando lo haya conseguido.
  9. Aprender a no gritar a los hijos es lo que quiero.
  10. Aprender a no gritar a los hijos es lo que haré.

Al igual que comerse las uñas o cepillarse los dientes con excesiva fuerza, gritar a los hijos es algo a lo que uno se acostumbra, y al igual que tú te acostumbras a gritar, tus hijos se acostumbran a que les grites, convirtiendo así al grito en una forma válida y casi automática para comunicarnos y enfrentar los problemas.

Si bien es cierto que, en cierto modo, al gritar nos sentimos más aliviados, debemos tener muy en cuenta que gritar a los hijos es un acto de violencia hacia ellos y hacia nosotros mismos, por ello, el primer paso será darnos cuenta de que no queremos continuar gritando, para comenzar un autoaprendizaje y hacer frente a los desafíos de forma menos dañina y más constructiva.

Nuestros hijos están aprendiendo cientos de conceptos y emociones diariamente, buscan su lugar, buscan ser escuchados y aún no han adquirido las herramientas necesarias para gestionar todas sus emociones del modo “correcto”. En sus padres ven de algún modo “al Maestro”, para ellos, no tiene sentido que sus padres le digan que no se grita, gritando.

En cambio, si contemplan a unos padres serenos, que no gritan ante el enfado y las frustraciones, entenderán que se puede estar enojado sin tener que gritar por ello.

 

Libros que ayudan a aprender a no gritar a los hijos

 

 

Educar sin gritar

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Más libros Recomendados

 

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NeoMachismo | Seguimos Cayendo en la Trampa

Quería crear esta entrada para desahogar mi espíritu, mi alma de mujer, de humana, de parte divina del Universo.

Llevo años “apartada” de lo que llaman Sociedad, percibía y sigo percibiendo, pese a mi “ansiado retiro”, la lucha constante entre iguales, ese anzuelo en el que, estúpidamente, caemos una y otra vez, ese yo contra ti, ese blanco y negro, arriba y abajo, hombre y mujer. ¿Por qué somos tan estúpidos?

No me considero machista, no me considero feminista. El ser humano ha caído en la trampa de la lucha entre semejantes, hombres y mujeres, con la pantomima de los “derechos”, y lanzándonos a un imparable autoengaño, mientras ejercemos nuestro papel de bufón y los que esclavizan al ser humano nos aplauden, por lo bien que llevamos a cabo sus planes.

Primero nos cuentan la gran mentira del dinero, después aceptamos que los hombres se alejen de su familia por “necesidad” y ahora, la mujer pide igualdad y lucha por “alejarse de su familia” y ser igual al hombre en cuanto a derechos laborales y muchas otras cuestiones más. Joder, habría que explicar tantas cosas para entender qué quieren hacer con el Ser Humano

Entiendo que haya familias que necesiten o creen que necesitan trabajar para vivir, pero ¡ojo!, esto es así porque nos han hecho creer que es así, la gran mentira del dinero y de la igualdad entre hombre y mujeres hace que nos llevemos toda una vida sin escuchar lo que realmente vinimos a hacer a este mundo.

No es natural tener hijos para no poder estar con ellos todo el tiempo del mundo, verlos crecer, educarlos, criarlos…no es natural que sean los abuelos los que tengan que ejercer el papel de padres, no es natural que la mujer no pueda dar el pecho a sus hijos por otras obligaciones. No nos engañemos, no es natural.

Hemos aceptado que el dinero es escaso, hemos aceptado que para conseguir dinero hay que trabajar duro, estar alejados de la familia, y para colmo, después de aceptar todo eso, nos venden la idea de feminismo, y ¡Ala! ahí estamos nosotras, pidiendo igualdad y queriendo salir a trabajar para sentirnos realizadas.

Ser madre, madre loba, madre empoderada de instinto maternal y divinidad, es totalmente incompatible con el mundo laboral que nos han puesto en bandeja, si no, que se lo pregunten a nuestros hijos, ellos que no entienden de revoluciones sociales y que son más justos que nadie, en cuanto a igualdad se trata.

Pero además tengo a mi hombre a mi lado, que tampoco se aleja de su familia, porque no muerde el anzuelo tampoco.

“La Igualdad”, menudo invento. Al parecer han etiquetado de “Neomachismo” a ciertas posturas que defienden el papel de la madre como mujer que no trabaja y cría a sus hijos exclusivamente, alegando que son nuevas tácticas machistas para encarcelar a la mujer en la desigualdad. Joder, seguimos sin entender nada. Divide y vencerás ¿No?.

Cada uno de nosotros, decide o debería saber decidir qué quiere hacer con su vida, pero si una mujer y un hombre deciden ser padres, por favor, entended que nos han engañado como Seres Humanos, entended que hay energías sutiles que se alimentan de nosotros, entended el gran engaño al rebaño, y abrid los ojos, nuestros hijos nos necesitan cerca, siempre.

Aquellos que defienden la igualdad de la mujer en el mundo laboral, luchan creyendo que hacen algo bello y bueno para la Humanidad, pero, yo no caigo en la trampa, lo siento.

Yo quiero explicarle a mis hijos la verdad, que el dinero es abundante, no escaso como nos han hecho creer; quiero explicarles la Alquimia del Ser Humano, quiero darles teta siempre, y criarlos yo y mi hombre, juntos. Quiero que sepan que el hombre y la mujer cayeron en la trampa, en la trampa de querer ser iguales, de querer ser distintos

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