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Organizar casa pequeña con hijos

Organizar Casa Pequeña con Hijos

Organizar una casa pequeña con hijos no es nada fácil, ¡pero tampoco imposible!

Organizar casa pequeña con hijos

Cuando era pequeña soñaba y jugaba a diseñar los planos de la que sería mi, por aquel entonces, futura casa.

Aquella casa soñada, no era precisamente una casa pequeña.

Lo que sí intuía ya de niña, era que iba a tener varios hijos, y mi futura casa debía tener muchas habitaciones, muchísimas…

ORGANIZAR CASA PEQUEÑA CON HIJOS

Veinte años más tarde, vivimos felizmente en una casa no precisamente grande, eso sí, con tres hijos preciosos a los que amamos más que a nada en este mundo.

Nuestra casa tiene algo menos de 80m2.

Somos dos adultos, tres niños (de 1 a 3 años), cinco gatos y cuatro perros -sin contar a las gallinas y el gallo-.

Por lo que de niña pude dilucidar que iba a “necesitar” una casa grande para la familia que quería formar, pero la casa grande se quedó (por ahora) en una casa pequeña en la que el lema es:

Ten lo sucinto

La suerte compensó el pequeño tamaño de nuestra casa con 1000m2 de terreno propio, sí, tenemos la ventura de tener un enorme jardín.

Pero obviamente, ni la ropa, ni los juguetes ni la comida, podemos guardarla u organizarla en el jardín.

¿Como organizar una casa pequeña con hijos?

Para empezar, vais a tener que priorizar qué os sirve realmente y qué no.

Esto a veces no es nada fácil en un mundo donde nos enseñaron que acumular es bueno. Pero de todo se sale.

Os recomiendo encarecidamente la lectura de La Magia Del Orden, de la autora que bautizó el término Konmari.

Si quieres el libro La Magia Del Orden de Marie Kondo, rellena los campos que aparecen a continuación y compartiré contigo este gran libro totalmente gratis.

ORGANIZAR CASA PEQUEÑA CON HIJOS

LECTURA RECOMENDADA
 

Por lo que mi primer consejo es que leas La Magia Del Orden, o al menos, aprendas a deshacerte de cosas que realmente no necesitas.

Deshazte de lo que no uses

La gente necesita saber la diferencia entre “querer” y “necesitar”. Yo por ejemplo quiero tener un cuerpazo, pero necesito una hamburguesa doble, con queso extra.

Anónimo

 

Tener objetos en demasía, no es recomendable ni siquiera en casos donde nuestra casa sea grande.

Si tu casa es pequeña, despréndete de todo aquello que no uses o uses en contadas ocasiones.

Una opción maravillosa es donar todo aquello que ya no usamos o usamos poco.

Si de primeras no quieres desprenderte de muchas cosas porque crees que “algún día te harán falta”, coge todo aquello que no suelas usar diaria o semanalmente, y digo todo.

Organízalo por cajas y ciérralas a cal y canto.

¡Ojo! El botiquín de primeros auxilios, por ejemplo, es algo que podemos no utilizar en mucho tiempo, y además es lo deseable, pero evidentemente debemos tener uno en casa por si las moscas.

Si al cabo de un tiempo prudencial (4-6 meses), no te has visto obligad@ a abrir ninguna de las cajas, dónalas, deshazte de ellas, quémalas sin mirar atrás…

Una vez tu casa pequeña tenga los enseres y cositas varias que sí necesitáis tú, tu pareja, tus hijos y las personas que conviváis en ella, elabora un plan de organización.

Juguetes solo en la zona de juegos

Una casa grande y una casa pequeña con hijos se parecen en una cosa: Si hay hijos, y son pequeños, los juguetes suelen jugar malas pasadas a la organización.

En nuestra casa hay tres habitaciones, un baño, una cocina y un salón.

Todos dormimos en una habitación (colechamos), otra habitación la usamos de “trastero” o almacén y otra como cuarto de juegos.

Por ahora, así nos va bien y desde hace unos meses se ha establecido la norma de que los juguetes no salen del cuarto de juegos.

La diferencia ha sido bestial, apoteósica.

Es de vital importancia delimitar una zona de juegos para los niños y sus respectivos juguetes.

Esto no quiere decir que no podamos ser flexibles, en casa por ejemplo, dejamos que saquen al salón un solo juguete, y es lo que hay, si quieren más, tendrán que ir a la zona de juegos, que en nuestro caso, tenemos cerrada con una puerta de seguridad para que no saquen juguetes a cada rato.

Mi consejo a la hora de organizar los juguetes es que os hagáis de unas cestas grandes de tela gruesa.

Sé que a veces nos cuesta volcar todas las cosas juntas, mezcladas y sin cajas, pero la realidad es que cuando hay hijos pequeños ellos se encargan de sacarlo todo de su sitio y puede ser frustrante para nosotros.

Todos los juguetes a la cesta o cestas de juguete, no hay más que hablar.

Estas son algunas de las cestas de almacenaje que tengo en casa, son decorativas y quedan muy monas en un rinconcito del cuarto o zona de juegos.

cesta almacenaje casa pequeña con hijos
organizar casa pequeñas con hijos
 

Con de H&M Home, puedes ver más modelos aquí.

Echad los juguetes dentro (con la cooperación de los más pequeños) como si de un partido de baloncesto se tratase, y nuevamente, hazlo sin mirar atrás.

Si en tu casa pequeña mantienes a raya los juguetes de tus hijos habrás ganado un 60% en la organización.

Ropa Organizada

En cuanto a la ropa, el mayor problema no es organizarla en armarios y cajoneras, sino mantener el orden de la que uno se quita, la que se ensucia y la que se lava.

  1. Si te quitas ropa limpia, o que aún aguanta otro uso: Guárdala de inmediato.
  2. Si te quitas ropa sucia, deposítala inmediatamente en el cesto de la ropa sucia.
  3. Pon una lavadora cada vez que tengas ropa para llenarla.

Hay personas que determinan un día de la semana para lavar toda la ropa acumulada, yo no lo aconsejo, y menos aún, con niños en casa.

Al final podemos vernos obligados a tener que atender otras tareas y no le dedicaríamos el tiempo necesario a limpiar y tender/secar la ropa de toda una semana.

4. Seca la ropa o tiéndela en cuanto te sea posible y una vez seca, dóblala y guárdala.

Si tú te atreves a plancharla, enhorabuena, nosotros en casa dejamos de hacerlo hace mucho, y nos alegramos enormemente.

UN LUGAR PARA CADA COSA, Y CADA COSA EN SU SITIO

Esto último es súper importante, recuérdalo siempre como un mantra en tu cabeza:

UN LUGAR PARA CADA COSA, Y CADA COSA EN SU SITIO

  1. Establece un lugar, caja, cajón, cesta… para cada cosa o grupo de cosas: Por ejemplo los zapatos, los peines y cositas para el pelo, los mandos de equipos electrónicos, las cremas y cositas de bebés, las velas y ambientadores, etcétera.
  2. Cada vez que uses una cosa, devuélvela inmediatamente a su lugar. Enseña a tus hijos que deben hacer lo mismo, poco a poco aprenderán.
  3. Utiliza cestas para cosas pequeñas o que son pocas como para tener un sitio único para ellas.

Espero que estos sencillos pasos te ayuden a organizar tu pequeña casa.

Es de vital importancia que tus hijos y toda la familia en general, se comprometan a respetar las nuevas normas de organización.

Poco a poco, aprenderéis como familia a organizar mejor vuestra pequeña casa, y os alegraréis enormemente al ver los resultados.

 

 

 

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Practicar el Ho'Oponopono con niños

Hoponopono para niños: GUÍA Completa | MAMAVENTURA

¡Hola a todos y todas queridos lectores! ¿Sabéis qué es el Ho’Oponopono (en adelante hoponopono)? Hace años que escuché sobre él y por aquel entonces me sonaba a chino, hoy os cuento un poco más sobre esta Filosofía de vida y cómo llevar a cabo el Hoponopono para niños. ¿Preparados?

Hoponopono para Niños

Hoponopono para Niños

Antes de lanzarnos a la hermosa tarea de practicar una filosofía -en este caso hablo de Hoponopono– que enseñe a nuestros hijos a ser felices con lo que son y con lo que es, debemos tener claro que la clave primordial es que seamos felices nosotros mismos con lo que somos y con lo que es, ya que nuestros hijos nos observan y aprenden de lo que hacemos y de cómo lo hacemos, por lo que una enseñanza de tal calibre debe comenzar con el propio ejemplo hacia los niños.

¿Qué es el Hoponopono?

El Hoponopono es una técnica de origen Hawaiano que se basa en la resolución de conflictos y la realización espiritual o interior de cada uno de nosotros. “Ho” significa hacer y “Ponopono” significa lo correcto. Para hacer lo correcto según el Hoponopono, tenemos que responsabilizarnos de nosotros mismos como parte del Universo del que somos parte.

Con esto, asumimos nuestras “cargas” pasadas, e incluso ancestrales como parte de nuestro ser, a modo de sanar todo aquello que nos sobra.

Principios Básicos del Hoponopono

Voy a desarrollar en esta entrada trucos y consejos para enseñar y practicar el Hoponopono para niños, mientras tanto, vamos aclarando conceptos.

  1. Asumir nuestra Responsabilidad sobre lo que es.
  2. Pedir (ya veremos cómo) al Universo.

Cómo Practicar Hoponopono

Aunque el reflejo del hoponopono en nuestras vidas conlleve un compromiso diario, su práctica resulta muy sencilla y se basa fundamentalmente en la repetición de los siguientes “mantras” o en defecto, aquellos que sintamos que nos funcionan:

  • Por favor, perdóname.
  • Lo siento.
  • Gracias.
  • Te amo.

Practicar el Hoponopono para Niños

Practicar el Ho Oponopono para niños

En Hoponopono se centra en la idea de reprogramar el subconsciente para curar así todos los conflictos internos y externos que acontecen en nuestra vida, por ello, para practicar Hoponopono con nuestros hijos, debemos tener en cuenta que la mejor manera de hacerlo será mientras ellos duermen, ya que es entonces cuando el subconsciente está más receptivo:

  • Dile a tu hijo o hija: Te amo, gracias por estar en mi vida.

Aunque parezca un absurdo, debemos tener en cuenta que nuestros hijos solo necesitan sentirse:

  1. Aceptados.
  2. Queridos.

Lanzar este mensaje directamente al subconsciente de un niño es una forma potente de resolver sus posibles conflictos emocionales, y así nos lo aconseja la filosofía del Hoponopono para niños.

EN EDICIÓN…

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el metodo estivill es malo

El Método Estivill es Malo: Abramos los Ojos

el metodo estivill es malo

EL MÉTODO ESTIVILL ES MALO PARA NUESTROS HIJOS

Suelo ser bastante prudente cuando hablo de elecciones personales para con nuestros hijos, pero este tema me supera, me enerva, me entristece y me genera mucha rabia, me da igual si algún padre o madre se siente ofendido con esta entrada, solo expreso mi opinión sobre el método estivill ¿el método estivill es malo? Sí, el método estivill es malo, muy malo para los niños, y además pienso que hay que ser muy hijo de puta para llevarlo a la práctica.

Me entristece que haya padres que sin ser unos hijos de puta, piensen que le hacen un bien a su hijo, porque así se lo aconsejó un médico, un amigo o un experto de esos que tanto saben, padres que han cedido su empoderamiento y que son engañados por modas, tendencias y estúpidas falacias que ponen en juego la salud mental y emocional de nuestros más pequeños.

EL METODO ESTIVILL

Analicemos a grandes rasgos algunos de los crueles consejos que este método nos propone:

– Reemplazar en la habitación del niño, la figura del padre, la madre o de ambos, utilizando un dibujo, un muñeco, un móvil o un objeto querido por el niño. Explicando al niño que este objeto cuidará de él por la noche.

– Si el niño usa chupe, dejar varios chupetes sobre la cuna para que pueda encontrar alguno durante la noche.

– Poner a dormir al niño, separarnos de él una distancia prudencial y sin tocarlo desearle buenas noches, con un discurso que dure aproximadamente 30 segundos.

– Al salir de la habitación, apagar la luz y dejar la puerta abierta.

– Una vez que el niño empiece a llorar, los padres deben permanecer alejados de la habitación y volver a ella, en función de la tabla de tiempos.

– Cuando toque acudir a consolar al niño, siempre tendrá que ir uno solo, manteniendo una distancia que impida que el niño le toque, y explicándole (en no más de 10 segundos) que sus padres no le han abandonado y que únicamente le están enseñando a dormir.

¿Hay que ser hijo de puta o no? Pues sí, y mucho, como decía al principio del post.

Además, a la hora de dormir a nuestros retoños, queda terminantemente prohibido:

– Cantarle

– Mecerlo en la cuna o en los brazos

– Pasearlo en cochecito

– Darle palmaditas o acariciarlo

– Darle el biberón o agua

– Ponerlo en nuestra cama

No me cabe duda que con la introducción de estas nuevas modas de crianza (por llamarlo de algún modo) se pretende una desestabilización y trauma emocional sin precedentes.

QUE QUEDE CLARO: EL MÉTODO ESTIVILL ES MALO

– El metodo Estivill es malo para la salud emocional de un niño.

– Un niño necesita ser abrazado y consolado siempre.

– No tengamos la desfachatez de olvidar de qué pasta estamos hechos, los seres humanos necesitamos dormir en manada, nuestros hijos no están preparados para dormir solos en edades tan tempranas.

– Decirle a un niño que un muñeco, un dibujo o un grillo cuidará de él por la noche es de ser muy hijo de puta ¿Para qué queremos tener un hijo? ¿Para que por la noche lo cuide un muñeco? Seamos un poquito menos hijos de puta, por favor.

– Qué clase de persona aconseja a unos padres sacar a su hijo del cuarto compartido, de modo que duerma a solas en una habitación, con tan solo tres meses de edad.

– Dormir a nuestros hijos cantándoles una nana, con besos mientras los abrazamos o haciéndoles cosquillas en su dulce piel…es una de las experiencias más hermosas que nos regala la vida. ¿Por qué alguien quiere arrebatarnos tan grandioso tesoro?

– Que un método tan malo y devastador como el Estivill, imponga un reloj entre madre e hijo, que nos quieran marcar con minutos el tiempo que nuestros hijos deben estar llorando antes de que un padre vaya a calmarlo, y que cuando por fin podamos ir a su encuentro se nos prohíba el contacto físico y se nos indique la distancia en centímetros a tener con nuestro ser más amado, eso señores, debería estar castigado y penado socialmente, porque es algo monstruoso.

– Lo malo del Método Estivill es que los daños que puede causar en el niño quizá no se perciban hasta pasados años.

– Nuestros hijos no se merecen la aplicación de un método que hace que se sientan indefensos, inseguros y desprotegidos.

Podría estar escribiendo largas horas acerca de lo malo que resulta el Método Estivill para la integración y salud emocional de nuestros niños, podría derramar lágrimas en forma de letras durante un eterno discurso a modo de hacer entender que nuestros hijos nos necesitan cerca, que podemos enseñar a dormir a nuestros hijos con amor, contacto y calor paternal, y que algún día serán capaces de dormir sin necesitar a los padres cerca, sin imposiciones que rozan lo inmoral.

Podría hacer una Oda a lo maravilloso que es sacar a un hijo de su llanto, besarlo y abrazarlo, protegerlo y brindarle la seguridad de que nuestro amor es incondicional, sin reloj, sin métodos estúpidos y egoicos, enseñemos a nuestros hijos que nuestro amor no tiene límites, y luego, enseñémosles a dormir sin miedos, sin dolor, sin sufrimiento…es desolador que nuestros hijos asuman y acepten las directrices del Método Estivill.

Gritémosle al mundo cuánto amor merecen nuestros hijos, y cerremos la puerta a cal y canto a consejos que pretenden destruir lo más maravilloso que tenemos como Seres Humanos.

Compartir en redes es muy importante para mamaventura.

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vivir con niños en el campo

Vivir con niños en el Campo: ¿Sí o no?

vivir con niños en el campo

VIVIR CON NIÑOS EN EL CAMPO

Llevo varias semanas sin escribir, y es que vivir en el campo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y en este caso, hemos estado semanas sin agua en casa, nuestro pozo se estropeó y os podéis imaginar lo que ello nos ha supuesto, estar semanas sin agua en casa para poder limpiar, cocinar, asearnos, poner lavadoras….un caos del que recién nos estamos reponiendo. Por fin todo se ha estabilizado y os traigo un post donde os explico mi experiencia y opinión sobre vivir con niños en el campo.

Al poco tiempo de nacer Hada a Mi Hombre y a mí nos empezó a entusiasmar más que nunca la idea de vivir en el campo, queríamos vivir rodeados de campo, de naturaleza y en nuestro caso estábamos seguros de que sería un enorme acierto para nuestra familia. No nos costó mucho dar el salto porque estamos muy “loquitos” los dos, así que manos a la obra, nos dispusimos a buscar una casita para comprarla ya que por aquel entonces viviamos de alquiler muy cerquita de la gran ciudad.

Tras una corta búsqueda, en tan solo dos meses, teníamos las llaves de nuestra casa en mano, una ganga en la Sierra Norte de Sevilla con casa semi nueva y mil metros de terreno. Llevamos tres años viviendo aquí, y dos de nuestros tres hijos nacieron viviendo ya en nuestra casita de campo, así que hoy voy a hablaros de cómo es vivir con niños en el campo, según nuestra experiencia personal.

INCONVENIENTES DE VIVIR CON NIÑOS EN EL CAMPO

Los inconvenientes nos los ponemos nosotros mismos, probablemente al igual que las ventajas, son algo sumamente personal, desde mi punto de vista, los inconvenientes más marcados de vivir con niños en el campo pueden ser los siguientes:

1. La lejanía o no cercanía de Hospitales puede generar cierto miedo, a veces queremos tener un Hospital cerca, a minutos de casa, por “lo que pueda pasar”, y generalmente vivir en el campo supone tener que renunciar a este hecho, que está tremendamente ligado al miedo a la muerte de los hijos, un miedo muy dañino que debemos tratar de superar para ser verdaderamente felices.

2. Determinadas actividades como ir al Cine, al teatro, etcétera se convierten en algo pesado, nuevamente, por la distancia que ello supone.

3. Vivir con niños en el campo supone un “extra” en cuanto a trabajo hogareño se refiere. Se manchan más la ropa, se ensucia más la casa…

VENTAJAS DE VIVIR CON NIÑOS EN EL CAMPO

Para nosotros, vivir con niños en las entrañas de la naturaleza, supone, indudablemente, muchísimas más ventajas que inconvenientes. En este caso paso a listar las más importantes:

1. Vivir en el campo supone que nuestros hijos dispongan de un enorme espacio para jugar, correr, divertirse….sin salir de casa. Evidentemente, un niño en un piso no juega con la misma libertad que un niño en un campo. Viviendo en un espacio cerrado, debemos ir a parques infantiles prácticamente a diario, ya que los niños necesitan espacio para correr, jugar, etcétera. Viviendo en el campo, los niños, sin salir de casa, tienen espacio más que suficiente para cansarse y divertirse en la comodidad del hogar.

2. Otro de los aspectos más importantes de vivir en el campo con niños, es el conocimiento que adquieren de la madre naturaleza. En el caso de nuestros hijos, saben reconocer multitud de plantas y animales, así como el proceso de multitud de fenómenos tan fascinantes como la puesta de un huevo, el nacimiento de gatos y perros, el riego y cuidado de plantas, la siembra y cosecha de frutas y verduras, la germinación de semillas y un largo etcétera que los educa en conciencia con la naturaleza y les enseña de qué pasta está hecha la vida en todo su esplendor.

3. Es evidente que uno de los aspectos más positivos de vivir en el campo con niños es lo saludable que resulta vivir en un entorno donde la contaminación no suele estar presente en ninguna de sus formas. Poder respirar aire puro o disfrutar del cielo estrellado nocturno sin contaminación lumínica es algo que no tiene precio. En las grandes ciudades la estimulación audiovisual genera exacerbación en el ánimo y estado de nuestros niños, y es que, queramos o no, el ser humano no está preparado para vivir en un entorno camufladamente hostil, como el de las grandes ciudades repletas de humo, publicidad, luces y ruido.

Desde luego que vivir con niños en el campo es algo que ilusiona a muchas familias, que quizá se muevan entre los hilos de la duda constante, ante la idea de si vivir en el campo con niños es o no lo que realmente quieren.

Desde mamaventura os puedo confirmar que, en nuestro caso, decidir irnos a vivir al campo ha sido una elección acertada. Os puedo asegurar que veo a mis hijos felices cuando se manchan de tierra y juegan con charcos, cuando observan un hormiguero o recolectan un tomate, y es que al fin y al cabo, ellos, nuestros niños, se entienden mejor que nadie con la naturaleza, porque aún conservan esa chispa divina que les recuerda quiénes son y qué vinieron a hacer a este mundo tan sumamente bello.

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La Culpabilidad de sentirnos Infelices

Llevo unos días en los que, inevitablemente, me siento sola, desesperada, mala madre, mala persona, mala en todo y buena en nada. A veces las facturas que más nos cuestan son las que nos emitimos nosotros mismos, con la pesada cruz de la responsabilidad a cuestas, las preocupaciones, el poco “tiempo” que nos dedicamos a nosotros mismos, y un sinfín de “problemas” que parecen surgir de la nada y del todo.

¡Me cuesta tanto aceptar los tiempos que se tornan difíciles!. En un libro que he estado leyendo últimamente, a ratos desesperados entre sueño y desgana, me asombró descubrir una gran verdad entre sus líneas: El único problema que hay en tu vida, es pensar que tienes un problema. El autor nos invita a aceptar las situaciones como son, sin etiquetar de bueno o malo lo que nos ocurre, sino contemplando nuestra vida como una sucesión de experiencias que nos ayudan a crecer y aprender.

Hada, Risueña y Duendecillo llevan una semana con fiebre, mocos y tos, un catarro que los ha llevado a una alta demanda que me ha colapsado. Su papá está en casa desde que nacieron, no se ha separado de ellos más que en cortas y contadas ocasiones, al igual que yo, pero donde se ponga en sus bocas a modo de llanto, de llorera, de atención desesperada un ¡Mamá!, que se quite un Papá, Papá, Papá, Papá…Con esto quiero decir que todas sus demandas y peticiones van dirigidas hacia mi persona, desde por la mañana hasta por la noche, y generalmente, imagino que por la inseguridad que les acarrea sentirse acatarrados junto con lo caldeado del ambiente, de malos modos, a gritos, todos a la vez.

A esto se suma cierta tirantez que ha surgido como pareja entre Mi Hombre y yo, a modo de guerra, cometiendo el grave error de volcar nuestra “mierda” e ira en el otro, sin compasión. Los humos por aquí no están muy zen últimamente. Me siento al borde de un precipicio.

Educar en casa, siempre lo digo, no es nada fácil. Supone establecer unas normas que el niño, dependiendo y según qué casos, va a aceptar o no, supone que tu hijo comprenda que aunque estés cerca suya, tú tienes que hacer otras cosas, a parte de estar 100% con ellos. En nuestro caso particular, las edades de nuestros hijos son además especialmente delicadas. Duendecillo ya quiere gatear e ir consiguiendo autonomía en sus movimientos, no se conforma con el reducido espacio de un parque y los brazos empiezan a cansarle, prácticamente es su padre quien está paseándolo todo el día, porque su peso hace mella en mi espalda. Lo estamos soltando para que comience a coger soltura y así, que pueda caminar cuando esté preparado, que creo que va a ser extremadamente pronto porque tiene muchísima fuerza y quiere estar mucho tiempo de pie. Soltarlo significa tener que estar a su lado sí o sí, sin libertad de movimiento ni de mínima distracción, porque Hada y Risueña están al pie del cañón con su hermano pequeño, al que aman, adoran y muerden si es necesario.

Por otro lado, Hada y Risueña, como es normal a tempranas edades, necesitan motivación constante y se cansan rápidamente de cualquier actividad. Quieren empaparse de experiencias y estar pendientes de una sola cosa por treinta minutos seguidos es una tarea ardua.

Además se enfadan y se dan leña si tienen que dársela, por cualquier juguete u objeto. Quieren exactamente la misma cosa (que tiene la otra) y exactamente del mismo color, en el mismo sitio y a la misma hora.

Todo esto, sumado al trabajo que tenemos que realizar cada día con respecto a Cazatest: Preparar pedidos, contratar envíos, enviar la paquetería, etcétera, hace que me sienta desbordada y buena para nada, porque estoy en todos sitios y no estoy en ninguno.

¿Cuándo escribo para mamaventura?- Entre cigarros “a escondidas” en la soledad hueca de un baño – Sí, fumo, pero en casa no se fuma porque evidentemente no exponemos a nuestros hijos al humo tóxico del tabaco. ¿Quiero dejarlo? – Sí, pero cierta y tristemente enlazo mis diez minutillos de “paz” y “soledad” a ese cigarro desesperado.

Y aquí estoy, expresando lo que mi alma rota siente, porque siento que la desorganización ha tocado fondo. Quiero hacer eternos los días en los que todo va bien, la casa está limpia, mis hijos juegan y aprenden sin discusiones, esos días en los que me siento realizada y me siento buena madre, buena persona, buena gente…días en los que mi pelo no esté enredado y en los que mis pelos negros no abriguen mis piernas, días sin gritos y sin llantos…y no me refiero a días sin mis hijos, sino a días en los que, todos juntos, en unidad como familia, nos sentimos armonizados y felices en el calor de nuestro hogar.

Luego de estar días en desarmonía total, llega la culpa, esa culpa que te persigue y te recuerda lo mal que lo estás haciendo y esa culpa que te hace sentir mal por no ser feliz. Pienso que tengo prácticamente todo lo que quiero y siempre he querido, pero no me siento feliz, y me siento culpable por ello.

Buscar la felicidad en un momento que no sea el presente no me ayuda, quiero sentirme feliz ahora, hoy. Creo que la felicidad está estrechamente vinculada a la aceptación, y quizá el quid de la cuestión es que debo aceptar esta racha, siendo plenamente consciente y sin perder el norte, afrontando lo que es y abrazándolo, quizá así y solo así la situación cambie, o mejor dicho, cambie mi percepción hacia la situación, consiguiendo sentirme feliz y agradecida a la vida por darme tanto.

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La Competitividad como forma de Educar ¿Es Sana?

Me parece mentira que a día de hoy, entre tanta pantomima social, se siga educando a nuestros pequeños en la competencia.

Sutil o descaradamente, según el caso, encontramos a esta gran enemiga en colegios, universidades, centros de trabajo y grupos de cualquier índole. Nada parece salvarse de ella.

El ser humano parece conformarse, y nuestros hijos, se educan cada día para la competencia en centros de enseñanza obligatoria, donde convertirse en un número, en una nota, en un título… es precisamente eso, obligatorio.

La competencia entre iguales, es totalmente contraria a la colaboración y apoyo mutuo. Ésta, en un mundo que nos pide a gritos compasión y comunidad, no tiene cabida alguna. ¿Por qué entonces se sigue educando en ella y para ella?

Encontramos multitud de expertos que aseguran que la competencia es positiva para el desarrollo de nuestros pequeños, pero me permito estar totalmente en contra de dicha corriente. La gran mayoría de sus defensores, explican que una competencia sana o con uno mismo aporta a los niños herramientas tales como la complicidad y la empatía, pero precisamente éstas, junto con otras herramientas valiosas en el desarrollo emocional y social de nuestros pequeños, se adquieren con la cooperación y no con la competencia. ¿A qué llaman competencia sana? La “competencia sana” es una mentira, no existe la competencia sana como tal; esto me recuerda al término “envidia sana”, la envidia, no puede ser sana, puedes sentir admiración por alguien, pero no “envidia sana”, por mucho que nos empeñemos en usar dicha expresión.

Con respecto a “competir con uno mismo” sucede la misma cosa, uno no compite consigo mismo, uno puede ejercer la superación personal, puede ser consciente de sus limitaciones y proponerse superarlas, puede querer mejorar algún aspecto de sí mismo, pero no compite consigo mismo.

Hay multitud de juegos en los que parece inevitable la competencia, es decir se precisa un ganador para dar por finalizada la partida, y los jugadores deben “competir” entre ellos para alcanzar el podium, para ganar. En estos casos es de vital importancia mostrar al niño que en un juego, todos ganan, ya que la única finalidad del mismo, más allá de ganar según las reglas establecidas, debe ser divertirse, disfrutar del momento y del juego en sí mismo.

Debemos saber y conocer que existen juegos sin competencia, juegos para niños donde ganar no es la finalidad, donde se juega con los otros, no contra los otros y donde la cooperación y comunicación sea la herramienta necesaria para llegar a un fin colectivo, no individual. Estos juegos, mayoritariamente olvidados, son de vital importancia para una humanidad libre, empática y cooperativa.

Tenemos la mala costumbre de tachar de ganadores y perdedores innecesariamente, por ejemplo, podemos jugar a pasar una pelota y podemos optar a la superación personal de que la pelota no caiga al suelo, podemos querer mejorar nuestras habilidades y nuestros movimientos, nuestro equilibrio…pero de pronto nos surge la idea de una tabla donde anotar una puntuación a los jugadores o se nos ocurre que al que se le caiga la pelota pierde. ¡Y San Se Acabó!. Finalmente puede que queramos superarnos a nosotros mismos sí, pero por ganar puntos, por no perder, por competitividad; cuando de otra forma, si no hubiese ganadores y perdedores, el sentimiento de superación no iría ligado a la competitividad.

En un mundo donde nos “educan” en la competencia, existe cierta predisposición a la confrontación entre semejantes, a querer ser “mejores que”, a ejercer determinadas acciones con el único fin de ser el primero, restando importancia al proceso en sí mismo. En mi etapa de estudiante, recuerdo cómo me sentí en varias ocasiones traicionada por personas a las que tenía verdadero aprecio, porque en un momento dado se enfrentaron a mí por competitividad, por mostrar su supuesta valía y superioridad ante maestros y profesores. Ahora entiendo que simplemente somos víctimas del mundo en el que somos educados.

Esa competencia que tachan de inocente y sana, hace que el ser humano se distancie de sus semejantes por ser el primero, por ser el mejor o por obtener reconocimiento. Desde aquí animo a todos a que hagamos hincapié en la importancia de la colaboración y de alcanzar fines colectivos, en equipo, en cooperación con los demás.

Quizá así, algún día nos sorprendamos del enorme potencial que tienen los niños y que tenemos los adultos para sostenernos y apoyarnos mutuamente, porque somos manada y porque juntos, dejando a un lado la competitividad, podemos conseguir cosas verdaderamente bellas por, y para el mundo que nos abraza.

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Miedo a la muerte de los hijos ¿Os pasa?

He tenido que dar un gran paso para crear esta entrada. En ella, intentaré reflejar uno de mis grandes miedos, el que más me pesa, el que más daño me hace, el que más pequeña me hace sentir. Os hablo del miedo a la muerte de los hijos.

Ser madre o padre es una experiencia maravillosa, de eso no cabe duda, pero también es, en la mayoría de los casos, un huracán que trae consigo “cositas” que no nos gustan nada, aspectos que no sabíamos que iban a llegar, porque además, nadie los ha invitado a nuestra casa.

En mi caso, tras dar a luz a Hada, mi primera hija, empecé a sentir muchos miedos, algunos de ellos verdaderamente absurdos si los contemplas desde fuera, pero ahí estaban, querían algo de mí y venían para quedarse.

Desde miedo al atragantamiento, hasta miedo a muerte repentina o enfermedad, pasando por todos los matices de sufrimiento posibles, una situación que me hacía sufrir a cada instante, todos los días sin distinción. Entre tanto, y cómo no, apareció la culpa, esa culpabilidad por pensar aquellas atrocidades, esa culpa por no vivir el momento presente, no estar plenamente feliz disfrutando del momento, disfrutando de que estaban bien, de que como madre, no podía pedir más. Sentía miedo, mucho miedo, y culpa, mucha culpa.

Me atrevo a contaros esto porque por mucho tiempo he pensado, y en cierto modo sigo sin saber, si esto sucede o no a otras madres y padres con vidas normalmente “comunes”. Digo comunes en cuanto a que tengo la dicha de no haber pasado, al menos que yo recuerde, ningún momento traumático en mi infancia, algo que de algún modo pudiera “justificar” unos pensamientos tan tremendamente destructivos. Tal y como le comentaba hace unos días a Lorena, de Terapia en Red, para un Post que va a hacer para Mamaventura, me recuerdo siempre como una persona feliz, con mis altos y mis bajos, pero feliz. ¿Qué ocurre entonces cuando una madre o un padre se ve desbordado y acorralado por su propia mente?

Creo que el propio desconocimiento hacia la muerte en sí misma hace mucho daño, el desconcierto y la desinformación entorno a ella, hace que temamos que algo a lo que amamos tanto pueda morir y desaparezca para siempre. Por otro lado, también creo que hacen mella la multitud de malas noticias a las que estamos expuestos desde pequeños, desde el telediario hasta el murmullo noticiero que te cuenta tu vecina, por eso, entre otros motivos, dejamos de consumir televisión hace años, porque cala hondo al subsconsciente, y porque somos frágiles ante tanto mal, tanta negatividad.

No he salido de esta, aunque he tocado fondo, y eso mismo, ha hecho que comience a instruirme, a informarme, a leer y a despertar de esta pesadilla para traspasar el velo de la mente, para entender que mis miedos no soy yo.

Victor Brossah, en un reciente email me aconsejó lo siguiente:

Jessica, todo el mundo es causa de su vida. Tus hijos también. Nada de lo que hagas variará lo que ellos eligen vivir. Otra cosa es que te sientas culpable. Cada vez que pienses algo que no te agrada sopla y di: esta no soy yo, es mi miedo. Gracias miedo por ayudarme a crecer poniéndote entre mi corazón y mi vida. Te devuelvo al universo. No le des importancia y no la tendrá. Un abrazo de corazón y un beso muy grande…

 

Espero pronto poder vivir feliz siempre, poder disfrutar y aceptar lo que es, y lo que no es, que no sea tampoco en mi mente, espero poder darle espacio a mi esencia, romper los barrotes de mi alma encarcelada, mi alma…encarcelada por mi propia mente.

Y a vosotr@s, ¿Os pasa algo parecido? ¿Me contáis vuestras experiencias?

Un fuerte abrazo.

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Colecho, Dulce Colecho…¿Por qué te quiero tanto?.

No sé muy bien de dónde viene la palabra Colecho, la verdad es que no he buscado información con respecto a su origen, mi hombre dice que significa “cerca de la leche” co-lecho, la verdad es que tiene sentido. Hoy quiero hablaros de él, porque en casa desde que en 2015 nació nuestra primera hija “Hada”, no hemos dejado de amarlo.

El lugar donde los padres deciden habilitar el “espacio de sueños” de sus hijos es algo muy personal, no pretendo juzgar lo que cada familia decida y haga, pero creo que se nos ha olvidado nuestra procedencia, nuestras necesidades salvajes y lo que verdaderamente es importante para nuestros hijos.

El juicio, el miedo y las opiniones, entre otros factores, llevan a muchos padres a un suplicio en cuanto al lugar donde duermen sus hijos se refiere. Si nos paramos a sentir, con el corazón en la mano, creo que nadie puede negar que nuestros hijos necesitan a sus padres cerca siempre, y la hora del sueño no va a ser menos, de hecho, quizá sea uno de los momentos en que más cerca nos necesitan.

Eso es lo natural, lo salvajemente y humanamente natural. Nuestros hijos necesitan dormir con sus padres, bien cerquita, donde tengan acceso inmediato a la fuente de amor y calor de sus protectores, especialmente, en edades tempranas.

Los juicios y prejuicios, la programación social y el miedo nos dicen “otra cosa”: El Colecho malcría, hace que nunca quieran dormir solos, la intimidad de los padres se pierde y mil y una mentiras más.

El Colecho para mi es una muestra inmensa de Amor, ternura, protección y cariño, no veo lugar alguno donde quepa aquí el concepto de malcriar.

Por otro lado, como suelen decir Carlos González y Rosa Jové, los padres que intenten dormir con los hijos hasta que éstos cumplan los 18 años están condenados al fracaso. Los hijos, cuando cumplen cierta edad, o mejor dicho, cierta madurez emocional, necesitan y buscan el desapego hacia sus padres, que quieran dormir solos es algo que sucederá algún día. Disfrutemos del regalo tan bello que nos brinda el Colecho cuando nuestros hijos no están preparados para “otra cosa”.

En cuanto a la intimidad de los padres…simplemente no cuela, ésta se busca y se encuentra en otros lugares de la casa, o se aprenden métodos totalmente compatibles con el Colecho. Después de tener 3 hijos en tan solo 3 años, solo puedo deciros, que al menos en mi caso, el Colecho nunca ha sido un problema en cuanto a la intimidad de pareja se refiere, el agotamiento y cansancio en cambio, hace mucho daño en este sentido 🙂

Para practicar Colecho solo hace falta querer hacerlo y tener en cuenta determinados aspectos de seguridad si colechamos con un recién nacido, como los tenemos igualmente en cuenta al acostarlo en una cuna. Si no queremos acostar a un bebé directamente en nuestra cama, hay cunas colecho que no tienen barrera de separación entre la cuna y la cama, los bebés están muy cerquita de sus papás y quizá los padres se encuentren más cómodos y seguros.

En cuanto a la edad de los hijos para practicar Colecho creo que simplemente no importa, de verdad llega un día en que querrán dormir solos, algunos lo demandarán a los 5 años, otros a los 8, otros a los 3… depende de cada niño y sus propios ritmos y necesidades. En nuestro caso, Hada tiene 3 años, Risueña 2 y Duendecillo 7 meses. Ya todos no cabemos en la misma cama así que tenemos dos camas de matrimonio juntas, Hada y Risuela duermen en una de ellas, y papá, Duendecillo y yo en otra. Para las tomas nocturnas, por ejemplo, tener al bebé tan cerca es algo maravilloso, prácticamente no llego a despertarme, el bebé busca y trepa hasta su fuente de alimento y mama mientras duerme hasta que suelta la teta y sigue dormido, ¿Se puede pedir más?

En definitiva, si no practicáis el Colecho por decisión propia, será respetable siempre, que no os quepa duda de que lo que decidáis desde vuestro compromiso y Amor estará bien, pero si no colecháis por los huéspedes de la opinión, el juicio y el miedo, invitadlos a todos a salir de vuestras mentes y abridle la puerta al emocionante y majestuoso deleite que ofrece el Colecho, uno de los regalos más grandes y hermosos que brinda la vida a padres e hijos, y disfrutad de él, disfrutad de él todas y cada una de las noches venideras.

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Control Parental en la Industria Musical

El tema del que hoy quiero hablaros es carne de cañón en los tiempos que corren. De nuevo, el ser humano parece no ponerse de acuerdo y lo que nos queda es nuestra opinión personal, así que hoy muestro la mía, mi opinión sobre el control parental en adolescentes, y en esta entrada, concretamente respecto a la Industria musical.

El la última década el control parental hacia nuestros hijos ha salido a la palestra, multitud de defensores y detractores han visto la luz y fundamentalmente encontramos dos posturas al respecto:

  1. Nuestros hijos no deben estar expuestos a ningún tipo de control parental ya que ello conlleva generarle más interés por aquello que le limitamos o “prohibimos”.
  2. Nuestros hijos deben estar expuestos a control parental hasta que sean personas maduras y responsables para consigo mismas y el prójimo.

Desde ya adelanto que me considero partidaria del “segundo grupo” y os cuento en esta entrada el por qué.

Sinceramente no creo que el hecho de limitar o prohibir algo, incite a ello de forma generalizada, por ejemplo, no solemos dejar comer mierda a nuestros hijos, no solemos dejarle que jueguen con cuchillos cortantes y no por ello sentenciamos a nuestros hijos a que se conviertan en coprófagos o en carniceros. No nos dejemos engañar. Tal y como está hoy en día el “mundo de redes” y la tecnología multimedia, considero, no sólo necesario el control parental, sino primordial para un desarrollo óptimo y pleno en las capacidades de nuestros hijos, y como suelo decir, de adultos que hagan lo que les dé la gana.

Los adolescentes arrastran una infancia de contenidos “corruptos”. Los contenidos a los que están expuestos los condicionan constantemente, la era de las aplicaciones móviles para niños y los dibujitos violentos y acelerados, con contenidos realmente sospechosos van creando conductas y patrones de comportamientos no deseados. El paso a la adolescencia conlleva cambios importantes en el desarrollo del ser humano, por ello, considero el control parental como algo indispenable.

Control Parental en Contenidos Musicales

No es casualidad que la pequeña Hannah Montana (Disney Channel) se haya convertido en una descarada Miley Cyrus, con canciones cuyas letras hacen que nuestros adolescentes confundan el valor del amor, de ellos mismos y de la vida en sí misma. Hé aquí un ejemplo:

Las 7 cosas que odio sobre ti
las 7 cosas que odio sobre ti
eres en vano tus juegos, eres inseguro
me amas, te gusta ella
me haces reir, me haces llorar, no sé que lado comprar
tus amigos son idiotas y cuando actúas como ellos sólo sé que duele
quiero estar con el chico que conozco
y la séptima cosa que odio más de ti
me hiciste amarte

Yo no sé ustedes, pero yo escucho a mi hija cantando esta canción y me da algo. No voy a entrar a analizar letras de Reggaeton, de Skakira, Lady Gaga, etcétera, eso lo dejo quizá para otro post. Nuestros hijos, aún no se han forjado completamente en la etapa adolescente.

Con respecto a los videoclips, más de lo mismo. Nos venden al ser humano y más concretamente a las mujeres como un producto meramente sexual, un mercado de sexo y drogas idolatrado. De verdad, o nos damos cuenta de esto o el mundo se va a la mierda. Qué hijos de puta son.

Con esto no digo que nuestros adolescentes tengan que estar en continua prohibición, pero tenemos que trabajar dos aspectos importantes:

  1. Facilitarles herramientas que acerquen a nuestros hijos a la seguridad de sí mismos, al respeto de su cuerpo y sus principios. Enseñarles a que sean críticos y a amarse a sí mismos por encima de lo que impongan las modas y la sociedad.
  2. Mostrales lo que pensamos abiertamente, algún día se toparán con este tipo de contenidos, y es de vital importancia que sepan reconocer el trasfondo. Literalmente quieren destruir al ser humano.

Veo MK Ultra por cada rincón musical dirigido a nuestros jóvenes, no puede ser casualidad padres y madres. Puesto que el control parental abarca muchísimos aspectos, dedicaré cada tema específico en un post diferenciado.

Evitemos el consumo de la industria comercial musical a nuestros hijos y ayudémosles a forjar un espíritu fuerte, la música es uno de los mayores regalos que tenemos, pero nos quieren vender otra “cosa”, no caigamos en la trampa.

Para terminar comparto este vídeo del simpático Aldo Narejos que alude al tema con ironía y sentido del humor. Os invito a que lo veáis, os echaréis unas risas.

 

 

 

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“Instrucciones a mis Hijos” Magdalena Sánchez Blesa

Por si queda alguien sobre la faz de La Tierra que no haya escuchado el poema “Instrucciones a mis hijos” en la voz de su autora, Magdalena Sánchez Blesa, os comparto el vídeo y el poema escrito, para que os dejéis deleitar por su verdadera y majestuosa obra de arte.

Instrucciones a mis hijos (Magdalena Sánchez Blesa)

Jamás un conato de daros la vuelta

Jamás una huida, por muchos que sean

Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,

Jamás os lo noten, que no se den cuenta

Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas

Aunque fuese a gatas, llegad a la meta

Que nadie os acuse… ¡miradme a la cara!

Que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible…

(Si es que los hubiera)

Yo no los conozco,

Y mira que llevo yo sueños a cuestas

Jamás, y os lo digo como una sentencia, ¡miradme a la cara!

Jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa

No hay nadie en el mundo que no la merezca

Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!

A cada ser vivo que habite la tierra

Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra

Por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre

Y no preguntarnos qué sueño le inquieta

Qué historia le empuja,

Qué pena lo envuelve,

Qué miedo le para,

Qué madre lo tuvo,

Qué abrazo le falta,

Qué rabia le ronda,

Qué envidia lo apresa…

Jamás, y los digo faltándome fuerzas,

Si el mundo se para,

Os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje

Remangaos el alma,

Sed palanca y rueda,

Tirad de la vida vuestra y de quien sea,

Que os falte camino,

Perded la pelea contra los enanos

No sed los primeros,

Que os ganen los hombres que no tienen piernas

No sabedlo todo,

Dejad que contesten los que menos sepan

Las manos bien grandes,

Las puertas abiertas,

Anchos los abrazos, fuera las fronteras

Hablad un idioma claro, que se entienda

Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza

Mirando a los ojos,

Dejando una huella

Prestad vuestra vida,

Regaladla entera

Que a nadie le falte ni una gota de ella

¡Cantad!

Que cantando la vida es más bella

Y jamás, os hablo desde donde nazca

El último soplo de vida que tenga,

Jamás una huida,

Por muchos que sean…

 

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